Riberalta, conocida como la «Perla de Acre», se encuentra en la confluencia de los ríos Beni y Madre de Dios, en el departamento de Beni (Bolivia). Aquí es donde pasé un mes como voluntario con una organización infantil local en la Reserva de Aquicuana, lo que me permitió conocer una faceta de la Amazonía completamente diferente a la del circuito turístico.
Riberalta no cuenta con la infraestructura turística tan desarrollada que se encuentra en Rurrenabaque o Puerto Maldonado. Lo que hay aquí se inclina mucho más hacia el ecoturismo y la cultura fluvial que hacia los circuitos turísticos preestablecidos para avistar fauna, y, sinceramente, eso es parte de lo que hace que merezca la pena mencionarla.
- Reserva de Aquicuana: 20 000 hectáreas protegidas a las afueras de la ciudad, donde se puede practicar la observación de aves, avistar guacamayos y visitar la comunidad tacana (aquí es donde hice voluntariado durante un mes; os lo cuento con más detalle en mi entrada dedicada a ello)
- Lago Tumichucua: una breve excursión para practicar piragüismo, nadar y hacer senderismo entre árboles de mapajo y motacú
- Excursiones para la recolección de nueces de Brasil: entre noviembre y marzo, puedes unirte a las castañeras locales que se adentran en el bosque
- Cachuela Esperanza: una antigua ciudad del auge del caucho situada a 90 km, con rápidos y vestigios de una ciudad de principios del siglo XX.
- Cultura fluvial y veladas a orillas del río: paseos en barco por el Beni al atardecer, además del paseo de la Costanera para disfrutar de la gastronomía local y la vida cotidiana
Si quieres disfrutar de la Amazonía sin los paquetes turísticos, Riberalta te lo ofrece. No es el lugar al que se va en busca de itinerarios sofisticados de varios días, pero es, sin duda, uno de los mejores destinos para quienes buscan una experiencia amazónica más auténtica y centrada en la comunidad.